- Pasa —me dice la joven.
- No, no. Pasa tú primero —me hace caso.
Mientras pago observo cómo toma asiento.
-¿Te importa? No hay otro asiento libre —me sonríe.
- Encontrar asiento a esta hora es poco frecuente.
- Pues no sé qué decirte, no lo cojo casi nunca pero hoy… tengo una entrevista.
- ¿Una entrevista? ¿Quieres decir una cita?
- Las dos cosas, tengo una entrevista de trabajo con alguien de Recursos Humanos.
- ¿Vas a cambiar de empleo?
- No voy a cambiar, llevo dos años dedicado “profesionalmente” a encontrarlo.
- ¿Tan exigente eres, o tienes un Curriculum flojo?
- En absoluto. El currículum es demasiado bueno. Pero no me sirve para nada. Estoy eliminando datos y ocultando mi nivel académico, para evitar que me rechacen.
- ¿Qué me dices? Deberías hacer todo lo contrario.
- No creas, cuando leen mi bagaje académico, mi doctorado, mis tres master en países diferentes, los cuatro idiomas… quiere alguien con menos títulos, dicen. He probado a ir de traje, informal, de retro, de pijo… da igual, no me eligen. Eligen a dedo, nada de métodos científicos.
- Exageras. Las técnicas psicológicas son ciencia, ciencia matemática.
- Tú no has pasado por esas entrevistas estúpidas. Sus decisiones no se apoyan en criterios científicos, las pruebas sirven sólo para facturar al cliente, pero todo se decide en la entrevista: le caes bien, o no.
- Caray, qué opinión tan negativa tienes de los profesionales de Recursos Humanos.
- Me quedo corto, no tienes idea qué clase de gentuza son.
- Me bajo aquí- parece molesta.
- Yo también, me habría pasado de parada, charlando.
Caminamos unos metros luego la joven se despide.
- Aquí me quedo. Que tengas suerte en la entrevista, y encuentres un profesional que valore tus capacidades. Que obtengas ese empleo. Ha sido un placer.
Dejo que tome el primer ascensor antes de subir en el siguiente, hasta la planta quinta. Poco después pregunto a la recepcionista por el despacho de la señora Ramos. Me precede y me invita a pasar. Tras la mesa de trabajo mi compañera de autobús no disimula su asombro.
-¿Tú? ¿Tú eres Andrés Gómez?
Dos horas más tarde salgo a la calle. Sonrío, satisfecho. Dedicar tiempo a averiguar qué psicóloga de la empresa me entrevistaría ha sido un acierto. Conocer su horario, y línea de autobús que usa a diario, sólo cuestión de paciencia. Tras la interpretación en el autobús el empleo es mío.
© Diego R. Herrero








