El automóvil se acerca al bordillo reduciendo la velocidad. El acceso a la estación de metro está casi desierto. Una mujer, de unos treinta y cinco años, se inclina para mirar el interior del coche, hace un tímido gesto con la mano y esboza una sonrisa indecisa. El conductor la observa y sonríe socarrón. Deja que el coche sobrepasando a la mujer y lo detiene frente a una anciana de unos ochenta años, muy peripuesta y ligeramente maquillada. Apoyada en su bastón observa los automóviles que pasan frente a ella. El joven baja el cristal de la ventanilla y la llama.


