Nou Torrentí, el periódico local de Torrent

martes
7Septiembre
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El Piletes

Opinió - El Piletes

Las eternas bermudas de ir por casa

Se nota que ha llegado el periodo vacacional. Un claro síntoma, es la exhibición variopinta de bermudas que rápidamente hacen gala los vacacionarios que se unen a los jubilados de siempre, los cuales año tras año desempolvan las suyas exhibiendo sus calandracas bajo auténticos modelos prehistóricos de cuando empezaba a despuntar el sastre de Tarzán.
Las hay de todas clases y colores: cortas, largas, lisas, a rayas, estampadas.., pero no sé qué pasa que a la mayoría nos sientan como una patada en el culo. Luego el modo de llevarlas, con camisa por fuera o por dentro con los pantalones subidos hasta la altura del pecho algunos, donde los camales se ponen tiesos mirando al frente completando el modelo con unas sandalias mataoras tipo pastor. Somos conscientes de que hacemos e l ridículo, pero ya se sabe: a rio revuelto… Es curioso cómo nos inhibimos de todo y con la excusa del calor no tenemos nungún pudor en crear  nuestras propias combinaciones y salir a la calle dispuestos a que todos se enteren de que estamos de vacaciones. Llegas al banco a sacar pasta y el cajero de siempre te dice: “pero si no te había conocido, como siempre vas de punto en blanco”. Ahí es cuando entra por medio el sarcasmo. ¿Cómo es eso de que no me había conocido?, ¿qué ha querido insinuar con esta frasecita?.  Probablemente algo falla en mi vestuario, pero estoy casi seguro de que las bermudas  estampadas no pegan con todo como yo creía. Lo mejor es salir de la ciudad cuanto antes y perderte por la playa o el campo donde es menos probable que los envidiosos que trabajan no se metan contigo porque habrán más vacacionarios como tú alrededor y te sentirás más identificado. Pero cuidado, porque siempre habrá alguien con peor gusto que tú, no se te ocurra caer en la tentación de criticarlo.
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La paella acuática

Nos habíamos juntado los más íntimos para celebrar el cumpleaños de mi amigo. Su mujer ilusionada por el acontecimiento,dispuso una mesa llena de manjares que si la ve ZP, nos aplica el impuesto de los ricos sin pensarlo. Había apalabrado la colaboración de una amiga suya experta en buenas paellas a leña. Todo marchaba como una seda, e incluso íbamos a inaugurar lanueva temporada de baño en su flamante piscina que había preparado con esmero para que todo estuviera perfecto.

Pero conforme se iba acercando la hora de la comida, comenzaron a pasar por nuestras cabezas unas nubecillas un tanto extrañas que salían del mar para ocultarse tras unamontaña cercana. Yo no hacía otra cosa que preguntar si habían paraguas y mi amiga se enfadaba diciendo aquello de: ”calla gafe, más que gafe que tenemos que estrenar la piscina”. Mientras, la paella ya estaba a punto de caramelo. ¡Ché que olor!, me ponía bizco y todo con solo pasar la mano para cazar el olor que emanaba deella. Fue sentarse a la mesa, y caer el primer rayo, tan cerca pasó, que lo pude oler también. Me asomé por la parte trasera de la casa y vi como todas aquellas nubecillas que habían pasado anteriormente, se habían puesto de acuerdo y venían todas juntas hacia nosotros.Les traté de avisar pero no hicieron caso. Al segundo rayo, no nos dio tiempo a ponernos a cubierto. La magnífica paella se inundó y dejaron de emanar aquellos maravillosos efluvios. Empezó el diluvio y acabó con todo el banquete en un plis plas. Acabamos como una sopa mentandotodo lo que se nos ocurría mientras mi amiga me perseguía con su alpargata achacándome todo el mal fario a mí. Por cierto, mi amigo escondió las velas de la tarta para que no supiéramos cuantos años cumplía, si las pone,nos las comemos también.
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Un torrentino por la Calderona

Un torrentino por la CalderonaFui a pasar el día a casa de unos amigos a Gátova. Nos agasajaron con un espléndido almuerzo al llegar. Y tras degustar aquellos manjares, nos dijeron: “vamos a dar una vueltecita por la montaña y bajamos las calorías del almuerzo”. Sacó varios bastones para caminar, en principio decline coger uno, porque creía que un andarín como yo no le hacía falta.

Ante la insistencia de mi amigo acepté cogerlo y nada más salir hacia la montaña, comenzó a empinarse la cosa y terminé la primera subida perchando con el bastón como si estuviera en la Albufera. ¡Ché que barbaridad! mi amigo me decía: ¿quieres dejar de hacer el tonto?. ¡El tonto¡ dije yo, pero si no me puedo poner recto. Después de una larguísima hora, llegamos a la cima donde pudimos disfrutar cogiendo espárragos. Eran tan grandes, que no tenías que agacharte para cogerlos. Una vez arriba del primo del Tourmalet, comenzamos a bajar en busca de una fuente de agua cristalina. Mientras descendíamos, mi amigo me comentaba que no habíamos visto a nadie durante el recorrido y esto se le hacía raro, a mí no. La bajada era tan dura como la subida porque había que ir frenando con el bastón. Cuando llegamos a la fuente me tiré de cabeza a pesar de que rezaba un cartel que decía: no cargar más de 50 litros. Yo creo que me vino justo porque eso fue lo que me bebí. Mi amigo se percató de que la ruta era demasiado largo para volver a la hora de la comida y propuso coger un atajo. Menos mal, porque así tardamos 2 horas 45 minutos. Llegué casi a cuatro patas y cuando mi amigo me dijo: ahora vamos a comer unas gachas con conejo. Yo le dije “no gracias una cosa que te dé por dar una vueltecita para rebajar la comida.
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El perro manifestante

El perro manifestanteEn Grecia existe un perro que lleva dos años participando en todas las manifestaciones multitudinarias que se realizan en Atenas. Un can vagabundo raza mil leches de tamaño medio y collar azul que acostumbra a enseñar los colmillos a los antidisturbios griegos junto a los manifestantes y que no se amedranta ni ante los botes de humo que le lanzan los policías, es noticia en todo el mundo. El perro en cuestión le llaman Lukánitas (salchicha) y es uno de los animales vagabundos que deambulan por la capital de griega y que disfrutan de la protección popular y del gobierno que los esteriliza y les pone un collar azul o rojo para determinar su sexo. Luka para los amigos, disfruta  como un enano en los saraos que organizan los griegos y por lo que se les avecina, lo va a pasar en grande con mayor frecuencia. El can ha salido en un montón de vídeos colgados en YouTube y ha sido portada en varios periódicos internacionales como el británico The Guardian,  el italiano  Il Corriere della Sella, el semanario estadounidense Neuswek, el francés Libération, el canadiense Global and Mail, el sueco Aftonbladet entre otros. Lukanitas tiene su propio blog y otros con entradas dedicadas al animal. En Facebook Riot Dog tiene unas páginas dedicadas al can con cerca 10.000 seguidores y 2.800 fans.
Todo un éxito tratándose de un chucho que disfruta del follón y de los gases lacrimógenos. Sus paisanos torrentinos no tienen tanta suerte como Luka, al menos las autoridades de allí, no les quitan la vida como aquí y mucho menos los convierten en héroes porque ellos ya nacen héroes por el hecho de nacer aquí, dentro de una sociedad que no cuenta con un espacio vital para ellos
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Ante la crisis ,“crispación”

Mientras el país se desangra económicamente, el paro se dispara  a los cuatro millones seiscientos mil desempleados y el déficit público supera el 11%, el Banco Central Europeo  nos advierte que controlemos el gasto público para que no nos suceda lo mismo que a Grecia, me asombra la capacidad de disimulo que tienen nuestros gobernantes como si la cosa no fuera con ellos. Parece que todos tienen la culpa de todo menos ellos que son los únicos con capacidad de decisión. Buscan consensos a sabiendas que la oposición no quiere ser cómplice de ellos cuando tienen la mayoría en la cámara, pero les horroriza tomar decisiones sociales antipopulares que les resten votos. Recuerdo una entrevista al presidente del gobierno en la cadena privada Cuatro cuando un micrófono indiscreto en un descanso sorprendió a Iñaki Gabilondo comentándole al presidente la famosa frase “nosotros lo que tenemos que crear es crispación”, mientras el presidente asentía con complacencia.
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Pascueros y pascueras

Qué bonita ha sido la Semana Santa. No sé si será porque la han declarado de interés turístico, pero este año me ha gustado mucho su organización. Todavía recuerdo cuando era algo más joven, que nos vestíamos de vestas  sobre todo para observar y decirles cosas a las chicas que nos gustaban porque no nos atrevíamos a hacerlo a cara descubierta. Recuerdo que cuando ya éramos novios pero no entrábamos oficialmente en casa  de la novia, tras la capucha como escudo podíamos regalarles peladillas a los futuros suegros para endulzar la cosa un poco y allanar el camino del festejo. Existía también otra pillería que era comprobar si tu novia o la chica que salía contigo, era capaz de tontear con un desconocido y si lo hacía, el follón era mayúsculo.
Antes de la Semana Santa, durante la festividad de San Blas, los chicos y chicas se dedicaban a buscar rogle, que era quedar de acuerdo para salir en pascua todos juntos y comerse la mona al Vedat. Llegado el día de Pascua de Resurrección, todos los jóvenes daban rienda suelta a su alegría, formando un río de gente que se dirigía por la Avenida a la parte más alta de la ciudad y para distinguirse una peña de otras, predominaban unos  pañuelos, que los pascueros llevaban al cuello y las pascueras lo solían llevar atado a la cintura con el nombre bordado de la peña que entre  todos habían elegido.
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El chocolate del bobo

Hacía tiempo que no salíamos juntos con una pareja de amigos muy divertidos. Sobre todo ella, Ángela, que se lo pasa de miedo viendo las cosas raras que me suceden en mi deambular cotidiano. Acudimos a un gran centro comercial para cenar y ver una película de esas en tres dimensiones que te agachas detrás de la butaca por si se escapa alguna bala perdida.
Elegimos el restaurante tras recorrer medio centro muertos de frío. No veía el momento de meterme dentro de un establecimiento para quitarme el tembleque que me acompañaba todo el rato. Al final las mujeres fueron las que eligieron, un restaurante argentino muy animado en el que había que guardar cola hasta que nos llamaran. Había cinco mesas disponibles, tres al fondo y dos en la misma puerta donde hacía un frío mortal cada vez que la abrían  y era bastante a menudo. Se cumplió lo que me temía, nos dieron la mesa más próxima a la puerta.
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La despedida de Armando

La despedida de ArmandoArmando se había sacado el carnet de patrón de barco la misma semana en la que celebraba su despedida de soltero. Que por cierto, resultó de esas que hacen historia en las batallitas que cuentan los amigos.
Habíamos quedado en recogerlo en su casa a las afueras de Aspe. Nuestra llegada se convirtió en una fiesta tempranera como consecuencia de la extrema hospitalidad de sus padres. Su madre con cara de asombro, no hacía más que repetirnos: “traedlo sano y salvo a mi niño que se tiene que casar la semana que viene”.
Pusimos rumbo a Alicante en varios taxis para cenar en un céntrico restaurante. Poco a poco la cosa se fue calentando y tras la cena salimos de a quemar la ciudad con Armando vestido de marinerito con galones y nosotros de marineros rasos. La verdad es que desde que subimos a los taxis en Aspe ya parecía que íbamos en barco.
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El raro era yo

¿Nunca se han parado a pensar la capacidad de análisis que tenemos cuando estamos en una sala de espera mucho rato y comenzamos a deducir como son las personas que nos rodean por las señales que nos envían?. Esto me sucedió, en mí última visita al ambulatorio, me vi rodeado de gente muy dispar y comencé a analizarla para pasar el tiempo. A mi lado tenía una señora con pantalones de piel de leopardo y mucho pecho que escondía tras una mini camiseta roja. Cuando la oí hablar, deduje que era latina, más tarde me enteré que era de Colombia. Al otro lado tenía un muchacho de color con chándal y auriculares, se los quitaba solo para preguntar por qué número iba el turno.
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El tonto del haba

El tonto del habaTodos los años me resisto a creer que me vuelva a tocar el haba del Roscón de Reyes. No sé qué hacer para evitarlo, el haba me persigue y me cabrea porque lo valoro como que no empiezo el año con buen pie. Puedo argumentar lo que sea para no cortar el Roscón, porque aunque no lo haga, la porción que me destinan para consumir contiene ese maldito elemento. Esto ya se ha convertido en una cuestión de amor propio, he probado a comprar el Roscón en todos los hornos de la ciudad, he cambiado de contenidos: de nata, de trufa, cabello de ángel … , da igual, como el Roscón tenga haba, allí que me toca.
Yo sé que es difícil de creer pero soy como un imán para la lluvia y para el haba de los roscones. Hace dos años, mis amigos trajeron un Roscón que por error tenía dos habas en lugar del haba y el rey, ¿adivinen a quién le tocó? y me tocaron las dos a mí y encima en la segunda como no me esperaba dos, me comí el roscón todo confiado y me casque una muela.
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Dulce, la perrita Cenicienta

Dulce, la perrita CenicientaTodas las mañanas en verano ando con mi perro por el campo antes de incorporarme al trabajo. Nada más comenzar, aparecía una perrita de la nada y se unía a nosotros durante todo el recorrido para desparecer nuevamente a la llegada a la casa donde veraneo habitualmente. Esto sucedió durante varios veranos hasta que en uno de ellos no la vi al comienzo de la temporada, pero al asomarme a la parte trasera de la casa, la encontré completamente demacrada gimiendo y sin poder tenerse en pié. La recogí y llamé a un veterinario para curarle las graves heridas de un probable atropello mientras se buscaba la vida para alimentar a los más de diez cachorros que tenía en una cueva próxima a unos naranjos donde descubrí que residía. Así que me convertí en el flautista de Hamelín y me los llevé a mi parcela a base de engaños y comida, pues parecía que no habían probado bocado desde el atropello de su madre. Una vez instalados en una improvisada caseta,
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Un bote de 38.000 euros

Un bote de 38.000 eurosMis amigos quisieron darme una segunda oportunidad al romper mi mala racha del azar cantando una línea de 3’70 € en un bingo local. Tras una cena de fin de semana con el cachondeo, decidimos ir a un bingo de mayor nivel en Valencia para consolidar mi cambio de tendencia positiva. Nada más llegar, una gitana que había por el acceso de entrada me quiso leer las líneas de la mano y como me negué, me soltó una maldición de esas que tienen ensayadas. Yo le respondí que se le volviera todo lo dicho contra ella por su mala fe. Y tanto que se volvió, cuando salimos había una ambulancia del SAMU y policía local en la esquina. Un turismo se estrelló contra unos contenedores alcanzando a la gitana de lleno. Estaba viva de milagro con un collarín en el suelo maldiciendo a diestro y siniestro. Mis amigos me miraban con cara de asombro mientras daban un paso atrás.
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El hombre casualidad

El hombre casualidadUstedes se preguntarán ¿a este tío le pasan todas esas cosas que cuenta?. Si les soy sincero, no, porque si cuento toda la verdad, seguro que no me creerían. Yo soy el hombre casualidad; ustedes dirán ¿qué significa eso?, pues se lo voy a decir. El hombre casualidad es aquel que aparece en lugares insospechados entre gente insospechada por accidente o casualidad. Ejemplos verídicos: en una ocasión estando en una sala de fiestas, me dio un apretón y me pasé bastante rato en el baño. Cuando salí de nuevo a la sala, habían cerrado el local al público porque daban una fiesta exclusiva a los jugadores del Barcelona. Solo puedo decir que me lo pasé de muerte jugando a los chinos con el entrenador y un jugador muy famoso, muy famoso… En otra ocasión, montando a caballo por la playa de San Juan a las tres de la madrugada, iba un poco agustito contándole chistes a mi caballo cuando sin saber “como” me caí y me recogieron dos mastodontes que resultaron ser los escoltas del príncipe Felipe, que oh casualidad, paseaba con una bella señorita a caballo también, cuando se suponía que debía estar alojado en el cuartel de una academia militar cercana ampliando su formación de mando.
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El fantasma del panteón

El fantasma del panteónLa víspera de todos los Santos fui al cementerio a limpiar los nichos de la familia y colocar las flores en todos ellos. Había gente a raudales con escaleras, cubos, fregonas…, una legión de personas atareadas, aunque siempre te encuentras a los curiosos que se dedican a ver quién ha ingresado en el campo santo en el último año.
Yo llegue un poco entrada la tarde y me enfrasqué en la labor sin parar mientras me venían a la mente historias y cosas raras que me habían contado mis amigos de los cementerios. A todo esto un cartel que había leído a la entrada: “Bienvenido, te estábamos esperando”, fue un poco el detonante de toda esta paranoia mental. La tarde empezó a caer rápidamente y la gente comenzó a marcharse.
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